Biotecnología marina, factor clave para aumentar el valor de los océanos

Casi 70% de la superficie terrestre está compuesta de océanos, los cuales cuentan con la mayor biodiversidad del planeta: en ellos están presentes sustancias que utilizan industrias como las de alimentos, desarrollo de nuevos fármacos de origen marino y conservación del medio ambiente.

La mayor parte de los productos de origen marino procede de animales como esponjas y los tunicados, pero el gran crecimiento desde 2007 está en los que proceden de microbios que ayudan a combatir enfermedades o para hacer mejores biocombustibles.

De estas investigaciones se encarga la biotecnología marina, que analiza organismos marinos, sus genomas o sus productos derivados para beneficio del hombre.

A pesar de la poca atención que se presta a los productos naturales de origen marino, actualmente existe una gran cantidad de bioproductos derivados que están comercialmente disponibles.

Desarrollo

Durante millones de años, innumerables formas de vida marina han evolucionado para producir una inmensa variedad de entidades químicas de exclusiva sofisticación. Entre estas se encuentran moléculas con actividades biológicas potentes, desarrolladas como una forma de defensa bioquímica para sobrevivir en un entorno extremadamente competitivo.

La evolución ha definido y seleccionado diversas estrategias de supervivencia, defensa, ataque, adaptación y comunicación entre organismos marinos que componen un verdadero arsenal de moléculas que podemos emplear en salud humana.

Los primeros elementos marinos utilizados por la industria farmacéutica datan de hace más de 50 años y fueron extraídos de una esponja del Caribe llamada Tethya crypta. Estos compuestos son nucleósidos similares a los que forman las unidades del ácido desoxirribonucleico (ADN) y el ácido ribonucleico (ARN), salvo que poseen un tipo de azúcar llamado arabinosa, en vez de la desoxirribosa y ribosa características de estos ácidos nucleicos.

Estos análogos naturales resultaron tener características antivirales inesperadas, actuando como agentes inhibidores de la trascripción reversa de ciertos virus, lo que condujo a la síntesis de un número de medicamentos antivirus y anticáncer.

Carrera

Actualmente existe una relevante importancia en la investigación de microbios marinos, donde los genes más interesantes son de microorganismos adaptados a condiciones extremas: tanto en el frío (en la Antártica) como en el calor (zonas volcánicas submarinas) o por la necesidad de especialización, como en los corales.

Un estudio de la European Science Foundation calcula que el mercado mundial de la biotecnología marina movía en 2010 casi 2 mil 800 millones de euros, con un crecimiento acumulativo anual de hasta 5%, lo que desató una carrera científica, empresarial y ética por estos recursos marinos.

Desde 1999 las solicitudes de patentes de material genético marino han crecido a razón de 12% anual, llegando en 2010 a 18 mil productos naturales registrados procedentes de organismos acuáticos de todo tipo, desde algas o anémonas hasta esas prometedoras bacterias.

No se puede patentar un ser vivo, pero sí aquella molécula, secuencia genética o enzima que permite al organismo en cuestión, luego de un proceso de filtrado y mejora, a veces combinado con otros productos, hacer biocombustibles de etanol más eficientes a partir de maíz, mejores cremas para el sol o fármacos contra el cáncer.

Legislación

Pocos países cuentan con la capacidad tecnológica para aprovechar las bondades de los océanos. En 2009 casi 70% de las solicitudes de patentes procedentes del mar se concentraba en Estados Unidos, Alemania y Japón.

Se trata, por tanto, de una materia prima casi invisible, lo que lo convierte en terreno abonado para la biopiratería. Esta consiste en hacerse con el recurso marino sin permiso del dueño, es decir, el país donde vive el organismo, ya que para pedir una patente no es necesario detallar su procedencia.

Por ello el pasado mes de octubre, después de 12 años de trabajo y negociaciones, entró en vigor el Protocolo de Nagoya de Naciones Unidas en el marco del Convenio sobre Biodiversidad, que establece entre otras cosas que los buscadores de riqueza genética tendrán que pedir permiso al país dueño de los recursos, compartir conocimiento y tecnología durante las investigaciones y, si acaban obteniendo un beneficio a su costa, repartirlo.

Aún queda por resolver qué pasa en la mayor parte (65%) del ancho mar: las aguas internacionales. Hay quien sostiene que allí los genes no tienen dueño y, por lo tanto, son del primero que los encuentre, y hay quien defiende que son de todos, un bien común y, como tal, sus beneficios se han de repartir de algún modo, con dinero para fondos internacionales de investigación o conservación de la diversidad, como se hace ya con otros recursos como los mineros, energéticos o alimentarios.

Bondades de la biotecnología marina

Equipamiento médico y biomateriales Productos de origen marino que se emplean como biomateriales de uso quirúrgico y como componentes de aparatos de uso ortopédico y cardiovascular, así como componentes de formulación de fármacos.

Productos farmacéuticos Debido a la gran biodiversidad y diversidad química de los océanos, los compuestos de origen marino constituyen una fuente interesante de compuestos bioactivos.

Productos cosméticos Las algas marinas proporcionan ingredientes que se emplean como encapsuladores de principios activos, antioxidantes e ingredientes cosméticos bioactivos.

Diagnóstico Diversos productos de origen marino se emplean como reactivos de laboratorio.

Agricultura Ingredientes de origen marino se emplean en alimentación animal y acuicultura, así como herbicidas y pesticidas de interés.

Energía Las microalgas y las bacterias fotosintéticas constituyen una apuesta prometedora como fuente para la obtención de hidrógeno de origen biotecnológico y para la obtención de biodiesel.

Fuente: vertigopolitico

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